1 de marzo de 2011

Baudelaire


Consiguió que hiciera las paces con un género que nunca me ha apasionado y me enganché de forma sorprendente a su visión del mundo, de la vida, del arte y del amor.
Charles Baudelaire se ha convertido, sin lugar a dudas, entre uno de mis escritores favoritos.
Empecé con La Flores del Mal, antes de poder acabarlo cayó en mis manos El Spleen de París, el cual, desde que lo vi en la estantería hasta que lo acabé de leer pasaron sólo algunas horas. Devoré cada relato. Vaya maravilla, me entraron ganas de ponerme a estudiar francés sólo para poder leerlo en su idioma original....


El primer "poema en prosa", el extranjero ya me marcó.

"-¿Qué amas, entonces, extraordinario extranjero?
-Amo las nubes,...las nubes que pasan...a lo lejos...a lo lejos, ¡las maravillosas nubes!"

Las muchedumbres, un hemisferio en una cabellera, El jugador generoso, todos me dejaban impresionada. Hasta que llegué a "La cuerda" no pude evitar que se me saltara alguna lagrima. Embriagaos...oh! qué grande!

"Hay que estar siempre borracho. Ésa es la clave, ésa es la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del Tiempo que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que emborracharos sin tregua.
¿De qué? De vino, de poesía, de virtud, a vuestro antojo. Pero emborachaos."

Maravilloso...

Lo acabé y después de pasarme un par de paseos del trabajo a casa pensando en todo lo que había leído retomé Las Flores del Mal. Y con él se reafirmo mi amor hacia Baudelaire.



"Epígrafe para un libro condenado

Lector apacible y bucólico,
hombre de bien, ingenuo y sano,
tira este libro saturniano,
que es orgiástico y melancólico.

Si tu retórica no aprendiste
con Satán, astuto decano,
¡tíralo! Me leerás en vano,
o pensarás que a un loco leíste.

Pero si sabes bucear
en los abismos sin temblar,
léeme, y has de amarme, amigo;

alma elegida que, penando,
tu paraíso vas buscando,
¡compadéceme..., o te maldigo!"

Si tuviera que transcribir todos los poemas que me han conmovido de este libro....¡estaría horas! Recomiendo ambos fervientemente.

Los siguientes son Las Hormigas y Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian.


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